desde 1900 hasta 1992
últimos días del lider
 
 

La situación económica es mala. Persiste la inflación y faltan productos imprescindibles. Escasea la energía, si bien en marzo ha entrado en funcionamiento la central nuclear de Atucha.


El 11 de mayo de 1974 asesinan al sacerdote Carlos Mujica. Se trataba de un clérigo “tercermundista”, simpático, adicto al socialismo y que mantenía estrecha relación con “Montoneros”. Vistiendo campera negra y encaramado a una estructura precaria, montada para la ocasión en el Salón Blanco de la Casa Rosada, asistió a la toma del mando por Cámpora. Trascendió, no obstante, que los autores de su muerte no habrían sido integrantes de las AAA sino de “Montoneros”. Una semana antes, el padre Mujica había manifestado que abandonaría las filas de la organización.


Las circunstancias son demasiado exigentes para un hombre de la edad de Perón. Ha vuelto al país con la ambición de merecer una estatua, brega por el orden, intenta mantener cordiales relaciones con la oposición, entrevistándose varias veces con Ricardo Balbín, de quien se declara amigo. Expone ciertas teorías de corte “planetarista” y, para señalar la apacible condición adquirida, se define a sí mismo como un “león herbívoro”. Pero la situación no le permite cumplir el papel que desea, poniéndolo en el centro de una tempestad ideológica. El 18 de junio del 74, se anuncia que está enfermo. No volverá a aparecer en público. Y morirá el 1 de julio. Balbín pronunció palabras emocionadas en su entierro.


Perón no murió a resultas del cáncer, sobre cuya hipotética existencia se centró la maniobra política de Lanusse, en 1972. Falleció por motivo de una dolencia cardíaca. Su médico, el doctor Pedro Cossio, interrogado por un periodista respecto al tiempo de vida que le podía restar, respondió confidencialmente, en enero de 1974: “si hace una vida tranquila, cinco o seis años tal vez. Es difícil predecirlo. Pero si sigue haciendo la vida que ha llevado hasta hoy, Perón se muere en seis meses” (Revista Gente, número extraordinario, 1976). El viejo caudillo no cambió de vida y murió días antes de cumplirse el plazo mencionado por su médico.










En junio de 1974 se registra un acontecimiento que, desvinculado en absoluto de los avatares políticos y casi ignorado por los medios de información, cobraría relevancia con el paso de los años. El día 17 llegó al país monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. Permaneció hasta el 28 y, durante su visita, se reunió con decenas de miles de argentinos en encuentros personales, con grupos reducidos o en locales públicos arrendados a ese fin, reiterando su prédica encaminada a “santificar el trabajo, santificarse en el trabajo y santificar con el trabajo”. Años después, la Iglesia Católica lo declararía santo, en una ceremonia imponente que el Papa Juan Pablo II presidió en la Plaza de San Pedro.